domingo, 17 de junio de 2012

Quiero volver a reír...

 A reírme por tonterías inexplicables y ñoñeces que sólo dos amigos entienden. A poder hablar sólo con la mirada. A hablar con esa persona y que pasen las horas. A que, cuando pase el chico/a que nos guste, mirarnos con los ojos como platos y volvernos para verlo/la pasar. A poder sincerarnos uno con otro sin estar presionados por nadie, poder hablar sin pudor ni complejos. A saltar de una conversación a otra , y cuando terminamos, reflexionar cómo hemos llegado hasta allí. A poner nombre todo lo que nos rodea. A ponernos motes absurdos como "plátano" o "lacasito" por alguna experiencia digna de contar. A querer dar un abrazo cuando estés de bajón. A apoyarle cuando esté pasando un mal trago y recordarle que siempre estarás ahí. A querer verle porque está a unos cuantos de kilómetros...

Quiero volver a reír y a sentir todo esto. Pero he aprendido que no merece la pena comerse el coco por una persona que te ha dado más cosas malas que buenas. Que te utiliza y, cuando no eres de su agrado, te deja a un lado. Ni siquiera te defiende cuando hablan mal de ti, al revés le ríe las gracias o, simplemente, se queda callado/a.
Supongo que con el tiempo encontraré a ese Mejor Amigo/a del que todo el mundo habla. 

Mientras tanto seguiré evadida en le mundo de la música dejándome llevar por cada canción diferente de cada cantante o grupo. Bailar, saltar, cantar a toda voz sin vergüenza a que alguien me ves. No quiero salir de ese mundo, soy feliz ahí. ¿Por qué tengo que volver a la cruda realidad? 
Quiero ser esa nota musical que vaga por las partituras de mis canciones preferidas haciéndome sentir diferente del resto de los demás. O, tal vez, ese píxel de aquel lugar que fotografié en esas vacaciones que me hicieron feliz.

Sí. Quiero volver esbozar una amplia sonrisa para que se entere todo el mundo que soy diferente y que voy a contracorriente.

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